El reto simbólico
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Al principio de una nueva campaña para minar la dictadura, las primeras y mas específicas acciones pueden tener un campo limitado. Deben estar diseñadas en parte para probar el estado de ánimo de la población e influir en él, y prepararla para continuar la lucha a través de la nocooeración y el desafío político.
La acción inicial podría tomar la forma de una protesta simbólica o podría ser un acto simbólico de nocooperación limitada y temporal. Si el número de personas dispuestas a actuar es limitado, entonces la acción inicial podría consistir, por ejemplo, en depositar una ofrenda floral en algún lugar de importacia simbólica. Por otra parte, si el número de los dispuestos a actuar es muy grande, entonces podría hacerse un paro de cinco minutos en todas las actividades u observar algunos minutos de silencio. En otras situaciones, unos cuantos individuos pueden ponerse en huelga de hambre, reunirse para una vigilia en un lugar de importancia simbólica, practicar un breve boicot estudiantil a las clases, o entrar y sentarse en una oficina importante por un tiempo limitado. Una dictadura probablemente reprimiría con crueldad las acciones mas agresivas.
Ciertas acciones simbólicas como la ocupación física del territorio frente al palacio del dictador o de los cuarteles de la policía pueden incurrir en un gran riesgo; por lo tanto, no son recomendables para iniciar una campaña.
Las primeras acciones de protesta simbólica a veces han suscitado una gran atención nacional e internacional, como las demostraciones masivas de Birmania en 1988 o la ocupación y huelga de hambre por los estudiantes de la plaza de Tiananmen en Beijin en 1989. El elevado número de víctimas entre los manifestantes en ambos casos subraya el gran cuidado que tienen que tener los estrategas cuando planifican las campañas. Aun cuando estas acciones tengan un tremendo impacto moral y pisicológico, por sí mismas no es probable que hagan caer la dictadura, porque permanecen dentro de lo simbólico y no alteran la posición de poder de la dictadura.
Por lo general no es posible negarles por completo a los dictadores el acceso a los recursos de poder al principiar la lucha. Para eso haría falta que prácticamente toda la población y casi todas las instituciones de la sociedad -las cuales desde antes les han estado muy sometidas- rechazaran absolutamente al régimen y que de pronto lo desafiaran mediante una fuerte y masiva nocooperación. Eso todavía no ha ocurrido, y alcanzarlo sería sumamente difícil. En la mayoría de los casos, por consiguiente, una rápida campaña de completa nocooperación y desafío no seria una estrategia realista para una campaña inicial contra la dictadura.
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Al principio de una nueva campaña para minar la dictadura, las primeras y mas específicas acciones pueden tener un campo limitado. Deben estar diseñadas en parte para probar el estado de ánimo de la población e influir en él, y prepararla para continuar la lucha a través de la nocooeración y el desafío político.
La acción inicial podría tomar la forma de una protesta simbólica o podría ser un acto simbólico de nocooperación limitada y temporal. Si el número de personas dispuestas a actuar es limitado, entonces la acción inicial podría consistir, por ejemplo, en depositar una ofrenda floral en algún lugar de importacia simbólica. Por otra parte, si el número de los dispuestos a actuar es muy grande, entonces podría hacerse un paro de cinco minutos en todas las actividades u observar algunos minutos de silencio. En otras situaciones, unos cuantos individuos pueden ponerse en huelga de hambre, reunirse para una vigilia en un lugar de importancia simbólica, practicar un breve boicot estudiantil a las clases, o entrar y sentarse en una oficina importante por un tiempo limitado. Una dictadura probablemente reprimiría con crueldad las acciones mas agresivas.
Ciertas acciones simbólicas como la ocupación física del territorio frente al palacio del dictador o de los cuarteles de la policía pueden incurrir en un gran riesgo; por lo tanto, no son recomendables para iniciar una campaña.
Las primeras acciones de protesta simbólica a veces han suscitado una gran atención nacional e internacional, como las demostraciones masivas de Birmania en 1988 o la ocupación y huelga de hambre por los estudiantes de la plaza de Tiananmen en Beijin en 1989. El elevado número de víctimas entre los manifestantes en ambos casos subraya el gran cuidado que tienen que tener los estrategas cuando planifican las campañas. Aun cuando estas acciones tengan un tremendo impacto moral y pisicológico, por sí mismas no es probable que hagan caer la dictadura, porque permanecen dentro de lo simbólico y no alteran la posición de poder de la dictadura.
Por lo general no es posible negarles por completo a los dictadores el acceso a los recursos de poder al principiar la lucha. Para eso haría falta que prácticamente toda la población y casi todas las instituciones de la sociedad -las cuales desde antes les han estado muy sometidas- rechazaran absolutamente al régimen y que de pronto lo desafiaran mediante una fuerte y masiva nocooperación. Eso todavía no ha ocurrido, y alcanzarlo sería sumamente difícil. En la mayoría de los casos, por consiguiente, una rápida campaña de completa nocooperación y desafío no seria una estrategia realista para una campaña inicial contra la dictadura.
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