11.09.2005

DOS

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LOS PELIGROS DE LAS NEGOCIACIONES

Algunas personas, cuando tienen que enfrentarse a los severos problemas de combatir una dictadura, se echan para atrás, y caen en una sumisión pasiva (como lo vimos en el Capítulo Uno). Otras, como no ven posibilidad alguna de alcanzar la democracia, pueden llegar a la conclusión de que deben buscar un arreglo con la dictadura, con la esperanza de que mediante la "conciliación," el "compromiso" y las "negociaciones," podrán atraer a algunos elementos positivos y acabar con las brutalidades. Superficialmente, por carencia de opciones mas realistas, esta manera de pensar es atrayente.

Una pelea seria contra las dictaduras brutales no es una perspectiva agradable. ¿Por qué hay que recorrer ese camino? ¿No pueden ser todos razonables y encontrar maneras de hablar, de negociar la forma de terminar gradualmente con la dictadura? ¿No pueden los demócratas apelar al sentido común y de humanidad de los dictadores, y convencerlos de que pueden reducir su dominio poco a poco, y quizá finalmente ceder por completo para que se establezca una democracia?

A veces se argumenta que la verdad no está toda de un lado. Quien sabe si los demócratas no han comprendido a los dictadores, que acaso obraron con buenas intenciones y en circunstancias difíciles. Quizá algunos piensen que los dictadores gustosamente se separarían de la difícil sitación que vive el país, si se les estimulara o se les tentara a ello. Podría argumentarse que a los dictadores se les debería ofrecer una solución por medio de la cual todo el mundo saliera ganando. Los riesgos y dolores de proseguir la lucha podrían ser innecesarios -se puede argumentar- si la oposición democrática sólo desea terminar el conflicto pacíficamente por medio de negociaciones (que podrían quizá contar con la ayuda de algunos especialistas o hasta de otro gobierno). ¿No sería esto preferible a una lucha difícil, aún cuando fuera una campaña dirigida por la lógica de la acción noviolenta y no la de una guerra militar?

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