11.08.2005

¿A la libertad por la violencia?

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¿Qué ha de hacerse en semejantes circunstancias? Las posibilidades mas evidentes parecen inútiles. Los dictadores generalmente hacen caso omiso de las barerras constitucionales y legales, las decisiones judiciales y la opinión pública. Reaccionando a las brutalidades, la tortura, las desapariciones, las muertes, se entiende que todo esto ha hecho pensar al pueblo que sólo por la violencia se puede acabar con una dictadura. Las airadas víctimas a veces se han organizado para combatir a los brutales dictadores con el poco poder militar y violencia que hayan podido reunir, y a pesar de tenerlo todo en contra. Esta gente, por lo general, ha peleado violentamente, pagando un alto precio en sufrimiento y vidas. Sus logros a veces han sido considerables, pero casi nunca han obtenido la libertad. Las rebeliones violentas desencadenan violentas represiones que con frecuencia dejan a la población mas indefensa que antes.

Sin embargo, cualesquiera que sean los méritos de la opción por la violencia, un punto está claro. Al depositar la confianza en los medios violentos, se han escogido precisamente el modo de lucha en el cual los opresores casi siempre tienen superioridad. Los dictadores puede aplicar la violencia irresistiblemente. No importa cuánto mas o cuánto menos estos demócratas puedan aguantar, a fin de cuentas uno generalmente no se puede escapar de las duras realidades militares. Los dictadores casi siempre disponen de la superioridad militar, en cuanto a calidad de armamentos, pertrechos, transportes y tamaño de las fuerzas armadas. A pesar de su valentía, los demócratas no pueden emparejárseles (casi) nunca. Cuando se reconoce que la rebelión militar no es viable, algunos disidentes se inclinan por la guerra de guerrillas. No obstante, sólo muy raramente, si es que alguna vez, la guerra de guerrillas beneficia a la población oprimida o le abre paso a una democracia. La guerra de guerrillas no es ninguna solución evidente, especialmente por la inmensa cantidad de bajas que suelen producirse entre la gente. Esta técnica no ofrece ninguna garantía frente a la posibilidad del fracaso, a pesar de apoyarse en la teoría y el análisis estratégicos, y de que a veces recibe respaldo internacional. Las luchas guerrilleras por lo general duran mucho. Con frecuencia el gobierno en el poder reubica a la población, con la secuela de inmensos sufrimientos humanos y trastorno social que esto conlleva.

Aún cuando resulte victoriosa, la lucha de guerrillas tiene, a largo plazo, considerables consecuencias negativas en lo estructural. De entrada, el régimen atacado se hace mas dictatorial como resultado de sus contramedidas. Si en definitiva gana la guerrilla, el nuevo régimen que de ella provenga es con frecuencia mas dictatorial que el anterior, debido al impacto centralizador de las fuerzas militares al expandirse, y por el debilitamiento o la destrucción durante la lucha de los grupos e instituciones independientemente de la sociedad -cuerpos éstos que son vitales para establecer y mantener después una sociedad democrática. Los que se opongan a las dictaduras deben buscar otra opción.