11.08.2005

Un problema que continúa

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Ha habido, en verdad, una tendencia hacia una mayor democratización y libertad en el mundo durante las ultimas décadas. Según "Freedom House", que compila un expediente anual sobre el estatus de los derechos políticos y las libertades civiles, el número de países en todo el mundo clasificados "libres" ha crecido de manera significativa en los ultimos diez años. (2)

********* Libres ** Parcialmente Libres ** No Libres
1983 ***** 55******** 76 ******************** 64
1993 ***** 75 ******** 73 ******************** 38

Sin embargo, esta tendencia positiva se halla atenuada porque hay un gran número de pueblos que aún viven bajo condiciones de tiranía. Hasta enero de 1993, el 31% de la población del mundo, de 5.45 billones, vivía en países y territorios calificados como "no libres", (3) esto es, en lugares donde los derechos políticos y las libertades civiles están en extremo restringidos. Los 38 países y 12 territorios incluidos en la categoría de "no libres" están gobernados por una serie de dictaduras militares (como en Birmania y el Sudán), monarquias tradicionales represivas (como Arabia Saudita y Bhután), por regímenes de partido único dominante (como China, Irak y Corea del Norte), bajo una ocupación extranjera (como Tíbet o Timor Oriental), o en un estado de transición.

Muchos países se hallan hoy en un estado de cambio rápido en lo económico, político y social. Aunque el número de países "libres" ha aumentado en los últimos diez años, existe un riesgo de que muchas naciones, al enfrentar cambios fudamentales tan rápidamente, se desplazarán en dirección opuesta, y acabarán experimentando nuevas formas de dictadura. Las camarillas militares, los individuos mas ambiciosos, los funcionarios electos y los partidos políticos doctrinales, repetidamente buscarán cómo imponerse. Los golpes de estado seguirán estando a la orden del día. Los derechos humanos y políticos básicos les serán negados a un gran número de personas.

Desafortunadamente, el pasado aún está con nosotros. El problema de las dictaduras es profundo. En muchos países el pueblo ha vivido experiencias de décadas y hasta siglos de opresión, ora doméstica ora de orígen extranjero. Con frecuencia se les ha inculcado insistentemente la sumisión a las figuras y gobernantes que detentan la autoridad. En casos extremos, las instituciones sociales, económicas, políticas y hasta religiosas de la sociedad -aquellas fuera del control estatal- han sido deliberadamente debilitadas, subordinadas o aún reemplazadas por otras nuevas y regimentadas. El estado o el partido dominante las usa para dominar a la sociedad. A menudo la población ha sido atomizada (convertida en una masa de individuos aislados), incapaces de trabajar juntos para conseguir su libertad, de confiar los unos en los otros y hasta de hacer algo por su propia iniciativa.

El resultado es predecible: la población se ha vuelto débil, carece de confianza en sí misma y es incapaz de ofrecer resistencia alguna. Las personas por lo general están demasiado asustadas para compartir su odio por la dictadura y su hanmbre de libertad ni aún con su familia y amigos. Están, con frecuencia, demasiado aterrorizadas para pensar en serio en la resistencia popular. De cualquier manera, ¿de qué iba a servir? En vez de esto asumen el sufrimiento sin objetivo y un futuro sin esperanza.

Las condiciones bajo las dictaduras contemporáneas pueden ser peores que antes. En el pasado, algunas personas pueden haber tratado de resistir. Quizá hubo breves manifestaciones y protestas masivas. Quizá los ánimos se levantaron temporalmente. En otras ocasiones, individuos y pequeños grupos puede haber hecho valientes pero impotentes demostraciones, afirmando algún principio o simplemente su desafío. Por muy nobles que hayan sido los motivos, esos actos de resistencia pasados frecuentemente han sido insuficientes para vencer el miedo de la gente y su habitual obediencia, condición esencial para destruir una dictadura. Esas acciones, lamentablemente, pueden en cambio haber causado solamente mas sufrimiento y muerte, no una victoria, ni aún una esperanza.

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