¿Qué clase de paz?
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Si los dictadores y los demócratas van a dialogar sobre la paz, es necesario tener ideas claras por los peligros que ello implica. No todos los que emplean la palabra "paz" quieren paz con libertad y justicia. El sometimiento a una cruel opresión y el consentimiento pasivo frente a los dictadores desalmados, que han perpetrado atrocidades en cientos de miles de personas, no constituye una verdadera paz. A menudo Hitler llamó a la paz, pero lo que quería era el sometimiento a su voluntad. Por lo general, la paz de los dictadores no es sino la de la prisión o la tumba.
Existen otros peligros. hay negociadores bien intencionados que a veces confunden los objetivos de las negociaciones con el proceso de éstas. Es mas, los negociadores democráticos o los especialistas extranjeros aceptados para asistir a los negociadores, pueden, de un solo plumazo, dotar a los dictadores de una legitimidad doméstica e internacional que previamente se les había negado a causa de haberse apoderado del estado, las violaciones de los derechos humanos y las brutalidades cometidas. Sin esta legitimidad tan desesperadamente necesitada no pueden los dictadores continuar gobernando indefinidamente. Los representantes de la paz no deben suministrarles esa legitimidad.
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Si los dictadores y los demócratas van a dialogar sobre la paz, es necesario tener ideas claras por los peligros que ello implica. No todos los que emplean la palabra "paz" quieren paz con libertad y justicia. El sometimiento a una cruel opresión y el consentimiento pasivo frente a los dictadores desalmados, que han perpetrado atrocidades en cientos de miles de personas, no constituye una verdadera paz. A menudo Hitler llamó a la paz, pero lo que quería era el sometimiento a su voluntad. Por lo general, la paz de los dictadores no es sino la de la prisión o la tumba.
Existen otros peligros. hay negociadores bien intencionados que a veces confunden los objetivos de las negociaciones con el proceso de éstas. Es mas, los negociadores democráticos o los especialistas extranjeros aceptados para asistir a los negociadores, pueden, de un solo plumazo, dotar a los dictadores de una legitimidad doméstica e internacional que previamente se les había negado a causa de haberse apoderado del estado, las violaciones de los derechos humanos y las brutalidades cometidas. Sin esta legitimidad tan desesperadamente necesitada no pueden los dictadores continuar gobernando indefinidamente. Los representantes de la paz no deben suministrarles esa legitimidad.
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